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8 de octubre de 2012

Playlist de Cine

Playlist de cine... de barrio. Canciones que nos recuerdan a películas pero también películas de las que nos tenemos que acordar por culpa de esas canciones, que parece lo mismo pero no lo es. 



Mike Patton no sólo hace una versión de la música de El Padrino con Fântomas sino que, además se está convirtiendo, en un auténtico Corleone musical. Es guay del Paraguay, es el **** amo, vaya. He tenido la suerte de ver este "The Godfather" en directo y el señor Patton era capaz, al mismo tiempo, de gritar, relajar, volver a gritar y llevar la batuta porque traía un batería suplente que no sabía muy bien cuándo tenía que entrar. Increíble. Quería poner el vídeo porque tengo un trozo grabado pero el resultado se parece demasiado a un intento cutre de La Bruja de Blair; me acababa de comprar una vídeo camarita y me entró la vena experimental. Ahora ya he aprendido que se graba mejor quietecita, algo que, por otro lado, ya es bastante experimental teniendo en cuenta mi pulso. El señor Patton, que ahora aparece en escena con traje chaqueta y acento gringo-mexicano (me lo han chivado), es único e irrepetible pero no puedo resistirme a poner un "parecido razonable" y que así el blog acabe ya de ser el Festival del Humor al que secretamente siempre he aspirado: ¡Patton es innegablemente el hermano mayor de Diego RJ de El Sótano de Radio 3!


Empieza la sesión de cine de barrio con una película que reconozco que no he visto (creo). Se trata de Angus y tiene una pinta estupenda: adolescentes de los '90, un incomprendido que se llama Angus... y ya no he seguido leyendo, pero he visto que en español se tradujo como El peque se va de marcha. Sin comentarios. La cuestión es que me encontré el CD de la banda sonora de esta película en una tienda de segunda mano y, además del "You Gave Your Love To Me Softly" de Weezer, también contenía joyitas como el "Kung Fu" de Ash y temas de Pansy Division, Mazzy Star o Squeeze. Así que, si alguien se tomó la molestia de hacer esa recopilación, yo no voy a dejar escapar la ocasión de volver a escuchar ese pedazo de tema de Weezer.

Segunda película de la sesión que, además, casualidades de la vida, es del mismo año que Angus: 1995 (como para negar que soy una "noventera"). Este sí que doy fe de que es un peliculón: Amor Loco (Mad Love) de Drew Barrymore con un corte de pelo que todas quisimos imitar (y las que lo hicieron se arrepintieron), y de un chico que he descubierto que es ¡Chris O'Donell antes de que fuera Robin y todas esas cosas! Bueno, más mala que pegarle a un padre, pero es lo que tenía el cine de Silla; te tragabas dos películas diferentes cada domingo y pasabas la tarde entretenida con esas sanísimas gominolas de fresa que debían de ser súper orgánicas y naturales ya que te dejaban las manos rojas, rojas.
Me marcó -para mal- que "Love Buzz" abriese los títulos de crédito de esa película, no se me ha olvidado en la vida. Kurt Cobain no hacía ni un año que se había muerto, por el amor de Dios. Pero bueno, reconozco que, como era al principio de la película, y era Nirvana, me encantaron esos títulos de crédito con la Barrymore en moto de agua, aunque ahora me he hecho un poco más sofisticada respecto a mis gustos con los títulos de crédito.



Después de las películas de adolescentes en los noventa, seguimos con las películas de adolescentes en los noventa que ahora hacen películas. Sin querer me ha salido un especial Jason Reitman, que por edad (1977), también debió tragarse en su adolescencia maravillas como Mad Love. No sabía que él era el director de Young Adult (me he equivocado y he puesto en imágenes de Google "Adult World" y no veas...)  pero buscando por ahí también me he enterado de que es hijo del director de los Cazafantasmas y Poli de guardería.
 Lo más destacable de Young Adult es sin duda "The Concept", que además tiene mucha importancia en la trama, aunque reconozco que la película, no sólo se deja ver, sino que me gustó y que Charlize Theron está estupenda. Entre otras cosas, tiene un momento que parece sacado de ese famoso capítulo del Príncipe de Bel Air cuando Will se queda atrapado con una novieta no me acuerdo dónde y ella empieza a quitarse todos los postizos ante el asombro de él; era igual sólo que, al tratarse Charlize Theron, es un momento que hace sentir especialmente bien a la audiencia femenina. Y, por supuesto, como adolescente noventera que soy, me encantó (tal y como le hice saber a todo Cristo una noche que iba de fiesta...) cuando se sube al coche, pone una cinta (nadie se cree que lleve un reproductor de cassette en un Mini Cooper nuevo pero no pasa nada: la magia del cine) y va cantando Teenage Fanclub como si hubieran sido en su día el número uno de los 40 Principales; me encantó más que nada porque yo hubiera hecho lo mismo, aunque todos sabemos que los Teenage Fanclub nunca fueron número uno de los 40 Principales y que nunca tuvimos un novio en el instituto que fuera tan guapo como Patrick Wilson y que además regalase cassettes con canciones de Teenage Fanclub.

Reitman también es el director de Juno (juro que no lo he hecho a propósito, de hecho, hasta me da rabia que me haya salido esta carambola), un Mad Love de nuestros tiempos donde lo mejor también es la selección musical: "Anyone else but you" de los Moldy Peaches no sólo es interpretada en la película por la insoportable Ellen Page y el exageradamente adorable Michael Cera, sino que en YouTube está plagado de gente que se la apropia para hacer su propia versión. Debe ser porque esta canción es Do It Yourself de verdad; imposible escucharla sin hacer karaoke, aunque tenga que ser impostando la voz y cogiendo mucho aire para hacer la parte del chico también.

Los auténticos Bonnie & Clyde
Yo quiero que las faldas de tubo me queden tan bien como a Faye Dunaway, aunque puestos a elegir un Clyde, me quedo con Dean Wareham en lugar de Warren Beatty.
Luna escondieron esta versión del "Bonnie & Clyde" de Serge Gainsbourg al final del disco Penthouse, que empieza curiosamente con otra peli de Dunaway: Chinatown (de verdad qué de casualidades, la realidad siempre supera la ficción). Aquí canta Wareham con mi chica favorita del indie: Laetitia Sadier de Stereolab, favorita porque es de las pocas, por no decir la única, que es alta y grande (me voy a tatuar: adolescente noventera forever...) y, por seguir con la tontería, confesaré que lo único bueno de que apareciese Britta Phillips en Luna fue que, por lo menos, podían tocar en directo esta versión (aunque la Sadier lo hace mejor, claro).

Cierro con una canción que se queda fuera de la playlist porque sería demasiado freaky incluirla, pero por importancia de una canción en una película y porque es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, la añado ahora: se trata de un fragmento de Dublineses (The Dead) con Angelica Houston a medio camino entre la mujer del Gabinete del Dr. Caligari y la Mare de Dèu de la Vallivana.

7 de mayo de 2012

Playlist Electrónica

Esta playlist es meterse en camisa de once varas porque, en realidad, es como si me pongo a hacer una lista de hip hop [MCA rest in peace] o de música clásica, que no tengo ni pajolera idea, pero me apetece mucho hacerla para desquitarme por no haberme pegado unos bailes en condiciones en el festival SOS 4.8 junto a toda esa chavalería (y no tan chavales) que llevaba gafas de sol por la noche, para que la gente pasase por al lado y dijera: "uuuuuuh cómo van esos", y que fuera mentira, porque eso de drogarse lo hacen quienes quieren y haberlo haylo en todas partes, sólo que hay algunos que disimulan más.


Hoy en día creo que se han perdido muchos prejuicios por toda esa generación acostumbrada ya a conseguir música de internet y mezclarla en el iPod sin importar el cómo y el por qué. Sin embargo, "en mi época", si te gustaba cierto tipo de música, no te podía gustar la electrónica, más que nada porque se asociaba electrónica a bakalao y todo lo que eso conllevaba.
Algunos se han quedado antiguos y todavía se han quedado con esa idea, otros se pasan de modernos y reivindican ahora el valor de algo de lo que antes echaban pestes, y a otros "nos la trufa", con perdón, y nos parece que hacer que en Japón canten "la tía Enriqueta que va por Favareta montada en bicicleta" es más surrealista que Dadá.

Algunos, aunque nos resistimos, nos fuimos haciendo a la música electrónica gracias a DJs pensados para gente que no ha ido de rave en su vida (yo lo intenté dos veces en mis años mozos, atravesando polígonos y campos de naranjos, y las dos veces resultó que la policía apareció antes de que pudiese llegar al sitio "secreto", así que desde siempre he sabido que eso no es para mí). Andrew Weatherall, Erol Alkan o los 2 Many DJ's se lo ponen fácil a los que no distinguen entre el minimal techno y el electro beat. David Holmes me enganchó en el espacio de radio de Paco Pérez Bryan -donde yo pensaba que estaba a salvo porque ponían Nirvana y esas cosas- con una versión de este "Don't die just yet" que duraba medio programa. Con esto a mí me entraba un "flipamiento" los sábados y domingos después de comer que no me hacía falta nada más. Cierto que gran parte del mérito es del Histoire de Melody Nelson de Serge Gainsbourg, pero hay que reconocer que Holmes es un alumno aventajado. Recuerdo una sesión suya en Benicàssim casi a las siete de la mañana, tirados en el césped por no poder más (¡sin tomar nada, amigos!) y ese gran documento del momento: las dos fotos que hizo Miquel desde el mismo sitio (no existían las cámaras digitales ni la función panorámica), con la luna en la imagen de la parte derecha y el sol en la de la izquierda.
Jeff Mills
Me di cuenta de que eso de la electrónica tenía mucha tela, de que hay para todos los gustos y de que va muy bien para concentrarse -ya sea para conducir, estudiar, trabajar o dejar la mente en blanco. Me venía muy bien que el Sónar coincidiese casi siempre con exámenes porque así escuchaba la retransmisión mientras estudiaba. Nunca he ido a ese festival pero es como si sí que hubiera estado allí viendo a Jeff Mills porque él iba todos los años, lo cual a mí me parecía fantástico porque luego me veía los reportajes en el Canal 33 y veía sus brazos, que me fascinan. No sé si pincha bien o no, imagino que sí, pero esas manos y esas venas me tienen hipnotizá. Una cosa de esas tontas que le pueden pasar a cualquiera. Se supone que Krafwerk, con su The Man Machine y temas como "The Model", fueron los padres de la electrónica, sin embargo, no sé por qué me parece que a los alemanes se los han quedado los amantes del pop en lugar de los músicos que les han tomado el relevo. No recuerdo si en el documental The Creation of Techno Music se les mencionaba pero, en cualquier caso, es un pedazo de trabajo en el que se explica cómo surgió todo el movimiento techno de Detroit, con sus distintas fases y protagonistas, desde Derrick May hasta Ritchie Hawtin, ese hombre que parece que haya hecho un pacto con el diablo o que sea una estatua de cera. Supongo que los Krafwerk serán como los Lumière del cine, ellos pusieron la cámara para grabar la llegada del tren pero el resto es historia... A veces creo que tendría que haber sido jurado de Operación Triunfo o algo así. Mi gusto no es nada refinado, pese a que haya gente a la que se lo pueda parecer, reconozco que no tengo criterio o lo que es lo mismo: "lo mismo me da ocho que ochenta", pero tengo una tendencia innata a que me guste lo que triunfa. Hawtin es un ejemplo. Cada vez que he ido al Fabric y ha pinchado él -a saber a qué hora y entre no sé cuántos otros djs- es el único que he sabido quién era, y no porque sea el más famoso sino porque siempre me ha gustado y he ido a preguntarle a Nacho, que trabajaba allí, que quién era el que estaba pinchando. Lo que es bueno es bueno, aunque no tengas ni idea; de hecho, es mejor. Benga es otro ejemplo. Siempre he pasado de la electrónica que ponían en la tienda de discos donde trabajaba pero cuando salió este Diary of an Afro Warrior, me encantó. No sé por qué, porque es machacón como él solo pero no sé, algo tiene. Al final "Night" se convirtió en súper hit de 2007. Sin saberlo, y sobre todo, sin quererlo, me había unido a los amantes del dubstep, un nuevo género que tenía embelesados a los adolescentes de la calle. Una vez me quedé dormida de pie en el Fabric. Es muy fuerte. Una de las mejores discotecas de Europa, con uno de los mejores sonidos del mundo, "chundi, chundi" a todo trapo y yo sobando. En fin, estaba muuuy cansada y, aunque hace unos años, ya no era tan joven.
Fisherspooner
Antes de ir a Londres, "Emerge" de Fisherspooner era de lo más electrónico que me podía tirar a la cara. Ya no era música ambiental hecha con sintetizadores y samplers. Esto ya era rollo empiezo despacito para que esa peña se atrape y ahora lo subo a tope para que esa gente del dancefloor no deje de bailar... toma, toma, pastillas de goma. Un hit total. Después vendrían los jueves de drumandbass en el Bar Rumba, a los que iba cual "allí me colé y en tu fiesta me planté"; los miércoles mensuales de fiestas Audioeyes en el Russian Bar con noches memorables que a más de uno le costarán recordar; y la ocasional escapada al Fabric para que me invitasen esos que venían a mi casa a hacer pinchar techno como si fuera el after oficial de la discoteca. Esas fiestas también estaban muy bien, si no fuera porque cuando ellos llegaban a mi hogar, a mí me quedaba media hora para levantarme e ir a trabajar. Ya me podían invitar en el Fabric, ya... Ahí el "hit" eran los sapos y culebras que salían de mi boca... o los que no salían, que era peor. Suerte que antes de encontrarme en esos tugurios de Dios por Londres, ya había dejado de ser "pureta". Fue en 1996. Orbital. Toda la semana ca***dome en Orbital. Llega el concierto. Dos señores con dos linternas en la cabeza. No vamos bien. Pero empiezan a pinchar, mezclar, tocar o lo que sea y empiezo a entrar en un sueño muy bonito... Toda relajada en el velódromo con la brisa del mar... y de repente una tipa dándome con el dedo para preguntarme que por qué no me iba a dormir a casa. Primero: que no estaba durmiendo, y segundo: que al camping no me tenía que ir a nada. Y aquella que si ella no se quedaba en el cámping, que era mayor, que pobrecita yo que era pequeña... bla bla. La maldición de los 22 años. Entre mis 16 y 17 años, no hacía más que encontrarme con gente que creía que era más mayor pero que cuando se enteraban de mi edad no se les ocurría nada mejor hacer que darme consejos absurdos; lo mejor de todo es que, casualidades de la vida, todos tenían ¡22 años! Juventud divino tesoro... menos cuando se tiene.
Cuando vi a New Order en directo me dio mucha risa. La mayoría de temas me sonaban de remixes varios que ponían en las discotecas donde iban los de mi clase o me llevaban mis primas (yo me intentaba escapar, que conste), esas en las que las chicas entraban gratis y te ponían cuños fluorescentes en la mano. La de estropicios que se han hecho con esta gente, en especial con "Bizarre Love Triangle", que yo creía que la canción original era esa versión acelerada que ponían en la "disco" con una chica que cantaba como los pitufos maquinetos. A "Blue Monday" también la han explotado hasta la saciedad. Es muy socorrida para mezclar con otro tema pero si hay algo que me enerva en este mundo -además de la gente que se cuela- es la gente que se cree que ser DJ es poner dos canciones a la ver. No se dan cuenta de que eso, lo único que trae consigo es blasfemia, muerte y destrucción. Darkdancer es una obra maestra de cómo hacer temas fáciles que parezcan fáciles de hacer pero que no lo sean. Sin embargo, no me siento engañada por eso con Les Rythmes Digitales, copiar bien es muy loable pero pegármela con queso no, más que nada porque no me gusta el queso. Me había creído eso de que el grupo en realidad era un francés, Jacques Lu Cont, niño prodigio de la electrónica más bailable, el Mozart del dance, que de pequeño tenía problemas mentales y estuvo en una institución donde por las noches sólo se oía el ruido de una gota cayendo de una tubería algo estropeada. Ese adolescente que aprendió a generar ritmos en su cabeza  gracias a las gotas de agua que caían, su única compañía en las frías noches de invierno... snif snif. Pues resulta que lo he buscado en la Wikipedia porque mi memoria tiende a no ser muy fiel a la realidad, y va y que el tío se llama Stuart Price, es inglés y ahora se dedica a producir a Madonna y a los Killers, y a hacer remezclas de Coldplay. Vaya cacota, prefería la historia de antes. Si es que es mejor no saber. Hay que creérselo y punto.

14 de febrero de 2012

Playlist Rompe Pistas

Puede que el título de esta playlist sea un poco pretencioso y que resulte que estos temas sólo me muevan (en sentido literal) a mí pero me da que no es así. Lo siento por los que tengan que trabajar; yo me pienso poner esta lista en repetición hasta que acabe como la de Fama, dando vueltas sobre el suelo (bueno, ese era su doble) y hasta caminando por la pared para dar una voltereta mortal. A los tímidos nos da vergüenza pedir la hora o llamar por teléfono pero tenemos un sentido del ridículo muy extraño que nos permite bailar sin complejos temas como los que conforman esta Playlist Rompe Pistas. A bailar todo el mundo.


Si bien esta lista es perfecta para realizar las labores del hogar, la primera canción es más de coreografía de danza contemporánea -supongo que habrá alguna modalidad para combinar ambas cosas pero de momento no la he probado. Hay discos que, aunque no lo pretendan, son perfectos para bailar. No me refiero a coreografías estudiadas y pasos aprendidos en la academia, sino a burdas imitaciones en la privacidad de nuestro cuarto. When I was born for the 7th time de Cornershop es perfecto para practicar danza del vientre psicodélica y las Supremes o Ike & Tina Turner lo son para sudar y morir descoyuntado. Screamadelica de Primal Scream es para "flipárselo" cual Nureyev, luchando contra la gravedad e intentando espatarrarse sin éxito. "Movin' on up" no sólo abre el disco sino que seguramente es la mejor canción del mismo. Bobby Gillespie juega a ser James Brown y, pese a que es como si yo me pongo a imitar a la Pantoja, sale más que airoso. 
Los vi una vez tocando este disco entero en un concierto en el Hammersmith Apollo de Londres pero fue una tortura porque no nos dejaban levantarnos de las butacas ni beber ni de nada. Luego resultó que esa actuación sale en una película que se llama 9 Songs, lo cual todavía me enerva más porque no tiene sentido cargarse lo que podría haber sido una gran experiencia para cientos de personas por un resultado tan cutre. 

Todo lo contrario que en el concierto de Pulp en el Primavera Sound de 2011. Karaoke multitudinario, empujones, amigos perdidos y Jarvis Cocker haciendo de las suyas (lo de la pedida de matrimonio del adolescente heavy a su novia no se ve ni en la Super Bowl). La inclinación discotequera que el señor Cocker nunca ha escondido se pudo ver satisfecha en esa reunión de Pulp pero ya antes, después de que los de Sheffield se separasen y cuando Jarvis aún ni se había dejado barba ni se había puesto serio, formó un ¿grupo? que se llamaba Relaxed Muscle que pasó injustamente sin pena ni gloria y que a mí me parecían muy divertidos.

Portada del single de "Sexualized" de Relaxed Muscle
A estos los vi un 20 de octubre de 2003 (Wikipedia) en lo que fue uno de mis primeros conciertos en Londres. Por desgracia para mí fue en un sitio que los lunes se llamaba Trash. Digo "por desgracia" porque fui pensando que iba a ver sólo el concierto pero resulta que éste formaba parte de un "club", así que estuvieron pinchando hasta las tantas antes de que saliesen a tocar y tuve que hacer tiempo paseando solica cerveza en mano entre la juventud hasta me senté en unas escaleras y casi me pisa un esperpento de hombre que resultó ser Jarvis Cocker. Hay un vídeo en YouTube donde se puede ver la parte más "tranquila" de esa infame actuación de Relaxed Muscle y, si se tiene la paciencia suficiente, hacia el final del vídeo se descubrirá (hay que estar atento, advierto) a otro conocido... hasta ahí podemos leer.

"Disco 2000" es un indudable rompe pistas y también supuso todo un hito en mi carrera radiofónica. Me tocó hacer un especial de fin de año para el programa que teníamos, pese a que normalmente yo no estaba en el control técnico. Todo salió bien y, como estábamos entrando en el año 2000, tenía que cerrar con esta canción. Gran emoción y gran karaoke que me marqué en el estudio... sin darme cuenta de que el micro estaba aún encendido. Ups. Y es que un tema rompe pistas, además de bailable, tiene que ser cantable. Que les pregunten a mis vecinos, pobres. 


Según cuenta la leyenda (o según la recuerdo), Astrud se conocieron en un concierto de Pulp  y uno de los componentes declaró su amor musical hacia el otro con una versión del "Something Changed" del mismo Different Class en el que se encuentra "Disco 2000". 
En esta playlist rompe pistas y "buenrollera" donde las haya no podía faltar "Bailando" (tampoco debería faltar el "He's on the phone" de Saint Etienne pero hace tan poca justicia al resto de sus composiciones...). Pese a que cada vez las noticias se parecen más al "día de la marmota" y esto parece un bucle del que no se va a poder salir, aunque sólo sea de vez en cuando, hay que poner buena cara al mal tiempo. Este martes es San Valentín y sería bonito que alguien lo celebrase con esta playlist. A quien se la sople San Valentín, que lo baile también, que de todos modos estas canciones no son de bailar "agarrao".
El 14 de febrero es un gran día para mí. Este martes hubiera hecho 9 años en el Reino Unido. "Bailando" fue, con coreografía incluida, una de las canciones que sonaron en mi despedida antes de partir a la Inglaterra profunda de Benny Hill. Curiosamente, aunque no lo pensé, también sonó en mi despedida londinense. Cuando me fui de mi último trabajo mandé un correo a mis compañeros (a los ingleses les encantan esas cosas) y les adjunté el tema de Astrud. En las cervezas posteriores descubrí con asombro y satisfacción que algunos de ellos ¡se la habían aprendido!; cuando vi a una hongkonesa, una griega o una polaca cantando "Bailando, bailando, amigos adiós..." como buenamente podían, decidí que mi paso por Londres había merecido la pena. Lo mejor fueron los búlgaros, que ya conocían la canción porque la versión original, que era de un grupo belga llamado Paradisio, fue todo un hit en Bulgaria. Me dio tanta alegría ver la buena aceptación que habían tenido Manolo y Genís en tierras ajenas, que hasta me animé a enseñarles el baile. Ahora mis amigas ya no me dejan que siga haciendo coreografías de moda porque dicen que tengo una edad y una reputación... pero a mí me da igual.

"Eurodisco" de Bis fue tan grande que acabó devorándolos. Este trío escocés hizo un disco en 1998 que encierra la esencia de esta playlist: Social Dancing. Toda una declaración de intenciones que acababa con una década donde la música electrónica era cosa de raves y clubs para los más exquisitos o de bakalao para el pueblo llano. El pop era pop, el rock era rock, cuidado no te equivoques con cómo llamas a cada cosa, y si te gustaba una cosa no te podía gustar la otra. 
En mi primer Benicàssim, en 1996, pusieron al lado de nuestras tiendas una carpa cutre que pensábamos que era para la Cruz Roja pero que resultó que era el "chill out" (a mí como si me hablasen en chino) en la que ponían techno sin parar. Los inquilinos de alrededor se quejaban de semejante aberración con sus flequillos de lado y sus uniformes de negro (que daba un calor verlos...), pero los otros pasaban de ellos y les "insultaban" llamándoles "poperos". Después de tres días de sesión continua, logré llegar a distinguir a los Chemical Brothers de Orbital pero, pese a esta inmersión obligada en el mundo de la electrónica, no duré más de cinco minutos en la actuación de los primeros y prometí que jamás me compraría un disco suyo (sólo tengo un single y fue regalado, no vale). Los segundos me conquistaron y me hicieron olvidar una disputa que nunca entendí muy bien. Bis hicieron que no fuera malo reconocer que nos gusta el pop, nos gusta el rock y nos gusta la actitud pero también nos gusta bailar y nos gusta la electrónica. ¿Por qué hay que elegir?
Primer disco de Bis. Antes de abogar por el baile social, fueron los nuevos héroes del transistor
Baxendale no tuvieron ni la mitad de repercusión que Bis pero estaban subidos al mismo carro. Los escoceses llegaron antes y se hicieron con la mayor parte del pastel pero ambos fueron carne de un momento, un gran éxito y poco más. Los descubrí en una actuación sin saber quiénes eran pero, cuando acabó su concierto, corrimos a comprar el disco. Ese teclado tan orgulloso de su camiseta de "Benidorm 80" cuando estaba en Benicàssim, ese señor que cantaba entre el bien y el mal, esa chica con voz de medio soprano y esa pinta de antigrupo que no les podía llevar a ninguna parte, sólo podían engrandecer más sus ganas, su buen hacer y unos temas que nos hicieron bailar sin concesiones. Levantaron a un público que, a plena luz de la tarde, parecía que estuviese en cualquier discoteca a las cuatro de la mañana. "Music for girls" fue mítico. Acabamos todos con el "ea ea oa, ea ea oooooo" y con un baile muy parecido al de Astrud. Si Bis reivindicaban lo mejor del pop y de la electrónica, Baxendale querían el derecho a poder escuchar "música para chicas". Es cierto que en los noventa un chico no podía ser demasiado pop o tener mucho sentido del humor (seguramente Jarvis Cocker marcaría el límite, más no); igual que todavía es extraño ver a chicas en conciertos de algunos grupos "serios" o más habilidosos como Dinosaur Jr., Mogwai o Built to Spill, que como todo el mundo sabe son grupos para chicos. Lo que no hace falta que justifique es el "bonus track" de esta playlist. Si en las discotecas pusieran más temas como "Battery Acid", del You will have your revenge, no habría que preocuparse tanto por las drogas, porque con canciones así nadie las tomaría. Subidón, subidón. Este tema nunca fue un rompe pistas porque no creo que lo pusieran en ninguna, pero debería haberlo sido. Me da tanta alegría volver a escuchar a Baxendale, que no he podido resistirme y he tenido que poner dos temas. [Baxendale no están en Spotify porque esa peña ni tiene ni p*** idea. Así que al final sí he puesto el "He's on the phone"] Cuando vinieron a Valencia, me gustó tanto de nuevo su actuación que se lo quería agradecer de alguna forma. No se me ocurrió nada más freaky que regalarle a la chica un muñeco de la Guerra de las Galaxias (Episodio I) que había "tuneado" para que pareciese un componente de ABBA (me disfracé en una Nochevieja de la morena y el muñeco era mi acompañante). No sé ni por qué lo llevaba en el bolso; igual fue con premeditación, no recuerdo. Tras ver la -más que comprensible- cara de la teclista cuando se lo di en plan "thank you, very good, thank you" se me quitaron las ganas de volver a agradecerle nada a un grupo, si eso les compro el disco y ya. Como no podía ser de otra manera, esta playlist ha sido inspirada y está dedicada a la gran Whitney Houston y su "I wanna dance with somebody". San Pedro no se aburrirá con estos dos.